Qué pasa con la leche de vaca???

Qué pasa con la leche de vaca???

Las guías para una alimentación saludable que se están publicando en los últimos años en los países occidentales (Gobierno de EEUU, Universidad de Harvard, Sistema de Salud Británico) recomiendan disminuir el consumo de lácteos. ¿Por qué esta recomendación?
Los estudios realizados en los últimos 10 años de forma consistente muestran que una mayor ingesta de productos lácteos en la adolescencia o en la vida adulta no se asocia con un menor riesgo de fracturas ni en hombres ni en mujeres. Sin embargo, en adultos, el consumo de lácteos por encima de los 2 vasos de leche de vaca al día o sus equivalentes se ha asociado con un aumento de mortalidad, un aumento en el riesgo de cáncer de ovario y de cáncer de próstata y está relacionado con el desarrollo de otras enfermedades crónicas, como enfermedades cardiovasculares, diabetes y Parkinson.
La leche de vaca o de otros animales  es una fuente importante de gasa saturada y colesterol, así que es lógica su asociación con un aumento del riesgo cardiovascular. Sin embargo, otros componentes presentes en la leche también pueden tener un papel negativo en nuestra salud.
La razón es lógica: la leche es un alimento diseñado para transformar a un bebé mamífero de cualquier especie en un adulto en un corto espacio de tiempo. Este rápido crecimiento se logra gracias a la alta concentración de nutrientes así como a la presencia de hormonas y otras sustancias que específicamente favorecen el crecimiento.
Pero cuando somos adultos ya no podemos seguir creciendo; ¿qué pasa entonces con las hormonas y factores de crecimiento presentes en la leche de vaca? Siguen actuando, solo que esta vez favoreciendo el crecimiento rápido de las células de nuestro organismo, incluyendo las cancerosas.
Además, la leche de vaca actual proviene de vacas que están permanentemente preñadas. Durante la gestación los niveles de hormonas sexuales, estrógenos y progesterona, se elevan significativamente, y estas hormonas pasan a la leche. Los estrógenos animales pueden actuar en nuestro organismo, especialmente en los órganos sexuales, promoviendo una pubertad más precoz y favoreciendo el crecimiento de células tumorales en  ovarios, mama, útero y próstata. Curiosamente, hay mucha gente que rechaza la soja porque le preocupan los efectos de los fitoestrógenos y no se plantean que al consumir lácteos están ingiriendo estrógenos animales, muchísimo más potentes y con peligros demostrados. La potencia estrogénica de los fitoestrógenos es 10.000 veces menor que la de los estrógenos animales y en muchos casos tienen acciones anti-estrogénicas, protegiendo nuestros órganos del exceso de estrógenos. No solamente la soja no se ha asociado con un aumento del cáncer de mama, sino que parece que su consumo, especialmente en la adolescencia cuando las mamas se están desarrollando rápidamente, podría proteger frente a un futuro cáncer. Se ha observado que las mujeres con cáncer de mama que toman más soja en su alimentación prolongan su supervivencia y disminuyen la posibilidad de recidivas comparadas con las mujeres que no toman soja.
El consumo de lácteos se ha asociado con la aparición y gravedad del acné en adolescentes y adultos. El acné es una enfermedad muy frecuente en países occidentales, pero muy rara en regiones con patrones de alimentación no occidentales (con bajos niveles de proteínas animales y de lácteos). Se piensa que la presencia de acné precede y es factor de riesgo para presentar obesidad y otras enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares.
Tampoco podemos ignorar el efecto del consumo de lácteos tiene en la vida de billones de animales y en la sostenibilidad del planeta. El coste medioambiental de producir leche es altísimo; la industria láctea es una de las mayores responsables de la emisión de gases de efecto invernadero y de la contaminación de aguas y tierras de cultivo. Para que las vacas produzcan la cantidad ingente de leche que vemos hoy en los supermercados es necesario impregnarlas continuamente, y quitarles a los terneros en cuanto nacen, para que estos no se beban la leche que nosotros queremos. La imagen que ves en la foto de este post no es posible en la industria láctea actual: a las madres vacas y a sus terneros no se les permite estar juntos ni desarrollar ninguno de los lazos de afecto que cualquier mamífero establece con sus crías. La mayoría de los terneros macho irán al matadero a los pocos días o semanas de nacer.
¿Es la leche de vaca una buena fuente de calcio? Sí, lo es. Pero “ni la mejor ni la única”, como dice la Universidad de Harvard. La leche no tiene ningún nutriente que no se pueda obtener de otras fuentes y su alto contenido en grasa saturada, colesterol, hormonas sexuales y factores promotores del crecimiento hacen aconsejable disminuir drásticamente su consumo si queremos mejorar la salud de nuestra población. La leche de vaca no es necesaria en la alimentación humana.
¿Qué pasa con los niños pequeños? Los bebés hasta los 2 años deben tomar leche, son lactantes. Por supuesto la mejor leche es la leche humana, específicamente diseñada para el crecimiento más lento y el mayor desarrollo cerebral que se produce en los humanos comparados con otros animales. La leche materna hasta los 2 años o más es la recomendación de la OMS para todos los niños del mundo. Los niños que no puedan tomar leche materna tendrán que tomar una fórmula especialmente diseñada para lactantes, bien sea elaborada con leche de vaca o bien con proteína de soja; aún así yo aconsejaría informarse bien de la procedencia y elaboración de dicha leche asegurándonos de que proviene de vacas alimentadas con pasto ecológico, que no estén hormonadas ni vacunadas y por supuesto criadas en libertad, sin intervención humana apenas.
De igual modo, sería conveniente tener en cuenta la posibilidad de encontrar leche de fórmula de cabra ( mucho mejor que la de vaca ) , existen varias marcas de ésta ecológicas que la comercializan en españa.
Podemos encontrar calcio en otros alimentos vegetales con incluso un mayor aporte como el sésamo, las hojas verdes, los higos, almendras, todas las coles etc; yo pondría  atención en los niveles de magnesio y vitamina D, ya que sin ellos el calcio no es absorbido ni asimilado correctamente.
Tomar alimentos ricos en magnesio: el magnesio favorece la absorción de la vitamina D, un hecho indispensable para que el calcio atraviese la pared intestinal. Podemos encontrar magnesio, principalmente, en el germen de trigo, en las algas kelp, en el sésamo, en la levadura de cerveza, en el cacao y en las legumbres
Para más información déjame un comentario o ponte en contacto conmigo.
Quiero añadir a éste contenido que las vacas, al igual que todos los alimentos de los que disponemos en la actualidad, no son los mismos que hace unos siglos, pues tanto el entorno como la evolución humana han intervenido de forma negativa en sus nutrientes viéndose menguados y modificados aportando un menor número de micro y macro nutrientes de peor calidad. La conclusión es:
Busca productos ecológicos, biológicos y de la mayor calidad posible, lo menos procesados y lo más natural que encuentres, alimento real es la clave.
Dejo un enlace de una teoría interesante sobre la transformación de ciertas proteínas en la leche de vaca.
Leche de vaca
Información extraída de “mi pediatra vegano”
Consejos y opiniones by alimentalalife.

Falsos mitos de la soja

Falsos mitos de la soja

Hay algunos mitos que se resisten a morir. En nutrición uno de los más tenaces es el que se refiere a la soja y a sus supuestas propiedades maléficas. A la soja se la acusa de muchas cosas (hay incluso una página en internet que la llama mentirosa, como si la pobre pudiera siquiera hablar, cuando no es más que una humilde legumbre) y una de las acusaciones favoritas es que la soja es un “disruptor hormonal”.
La mayoría de la gente no sabe muy bien qué significa esto, pero cuando les preguntas te expresan su preocupación de que por comer tofu a los hombres les crezcan las mamas y se queden sin espermatozoides y que a las niñas se les adelante la edad de la primera regla.
Y esto lo dicen porque la soja contiene un grupo de sustancias antioxidantes llamadas isoflavonas que pertenecen a la familia de los fitoestrógenos. Como la palabra fitoestrógenos significa estrógenos vegetales, la conclusión rápida – y totalmente equivocada – es que al tomar alimentos con fitoestrógenos estamos tomando directamente estrógenos.

¿Qué son los estrógenos, para empezar?

Los estrógenos son las hormonas femeninas, producidas por los ovarios, que regulan el desarrollo sexual y la función reproductiva en las mujeres. Los estrógenos actúan además en prácticamente todos los órganos del cuerpo femenino, por ejemplo los estrógenos disminuyen la acumulación de colesterol en las arterias, ayudan a mantener la masa ósea y estimulan la función cerebral.
En los órganos reproductivos, los estrógenos tienen un papel proliferativo: esto significa que estimulan el crecimiento y desarrollo de estos órganos. Esto es natural puesto que el objetivo es que el endometrio, los ovarios y las mamas se preparen para la reproducción. Sin embargo un exceso de estrógenos, especialmente si se mantiene durante mucho tiempo, puede producir un crecimiento excesivo o anormal de algunas de las células de estos órganos, lo que en algunos casos podría derivar en tumores.

¿Y qué son los fitoestrógenos?

Aunque los fitoestrógenos tienen una estructura similar a los estrógenos animales, esta estructura no es idéntica y eso hace que sus efectos no solo no sean los mismos que en el caso de los estrógenos humanos, sino que de hecho en la mayor parte de los casos los fitoestrógenos tienen actividad anti-estrogénica.
Es decir, es justamente lo contrario del bulo que circula por ahí. Los fitoestrógenos, y en concreto las isoflavonas de la soja, no son disruptores hormonales, sino moduladores de los receptores estrogénicos – este es su nombre correcto y el que explica su actividad y sus propiedades.
Los fitoestrógenos actúan en la mayoría de los órganos humanos desarrollando una actividad anti-estrogénica suave. En algunas situaciones, por ejemplo en los huesos, los fitoestrógenos sí que tienen una acción estrogénica leve, mucho más débil que los estrógenos humanos. Gracias a este comportamiento característico los fitoestrógenos tienen efectos bastante beneficiosos en la salud humana. El número de estudios que han investigado estos efectos es enorme y a estas alturas, los resultados son bastante consistentes. No hay excusa para a día de hoy seguir repitiendo bulos sobre los supuestos efectos perjudiciales de la soja en los humanos.
El consumo moderado de soja (el propio de los países asiáticos como Japón, China o Corea: 1-3 raciones al día de productos como el tofu, el tempeh, el miso, la leche de soja, y las habas de soja fresca – o edamame) tiene los siguientes efectos en humanos:
– acción protectora frente al cáncer de ovarioendometrio y mama. En el caso del cáncer de mama, los efectos protectores de la soja son mayores cuando el consumo empieza pronto, en la adolescencia o incluso antes, cuando el tejido mamario se está formando. En las mujeres que ya han desarrollado cáncer de mama, el consumo de soja se ha asociado con menor riesgo de recurrencias y mayor tiempo de supervivencia. Este efecto se ha visto incluso más marcado en las mujeres con mutaciones de los genes BRCA1 y BRCA2No solo no hay que aconsejar a las mujeres con cáncer de mama que dejen de tomar soja, como desgraciadamente hacen todavía muchos profesionales de la salud, es que hay que aconsejarles que empiecen a tomarla si antes no lo hacían o que mantengan o aumenten su consumo si ya la tomaban. De hecho la Asociación Americana de Oncología sugirió en el año 2012 que el consumo de soja no solo no ha mostrado efectos perjudiciales en la supervivencia y el riesgo de recurrencia del cáncer de mama sino que tiene potenciales efectos positivos, y que podría reforzar la acción del tamoxifeno (que es uno de los mejores medicamentos de que disponemos para tratar el cáncer de mama).
– acción protectora frente a la pérdida de masa ósea tras la menopausia.
– posible acción protectora frente al cáncer de próstata en varones (todavía no hay suficientes estudios al respecto, pero los que hay señalan un efecto beneficioso).
– posible acción protectora frente a las enfermedades cardiovasculares, ya que tiene efectos hipolipemiantes (ayuda a disminuir el colesterol-LDL en sangre, y probablemente también los triglicéridos)
En los bebés alimentados con fórmulas de soja, los estudios realizados a lo largo de muchos años no han podido encontrar ningún efecto perjudicial en el desarrollo de los órganos reproductivos, tanto de niños como de niñas. Las fórmulas de soja se llevan usando en la alimentación de los bebés desde hace casi 150 años. Las niñas que consumen soja habitualmente suelen tener la primera regla un poco más tarde que las que no lo hacen; de nuevo este es un efecto beneficioso de la soja sobre la salud de las mujeres, ya que disminuye el tiempo total de exposición a los estrógenos. En los niños y en los hombres que toman regularmente soja en las cantidades que se toman en Asia no se han visto efectos feminizantes ni datos que sugieran que disminuye la fertilidad (es difícil pensar que la fertilidad en China ha estado alguna vez amenazada, ¿no?, y llevan consumiendo soja al menos los últimos 5000 años).
En definitiva, el consumo de 1-3 raciones al día de soja y derivados no tiene ninguna consecuencia negativa para la salud, y puede tener efectos positivos, especialmente cuando se lleva a cabo de manera regular desde los primeros años de vida y en la misma forma en que lo han hecho siempre las poblaciones asiáticas: en forma de tofu, tempeh, miso, natto, edamame y leche de soja (y menos como concentrado de proteína de soja).
La única precaución la deben tener las personas con problemas de tiroides, porque la soja puede interferir con la absorción intestinal de la hormona tiroidea que se usa como tratamiento de reemplazo. En estos casos hay que tomar la medicación a una hora en la que no se tome soja; y asegurarse de recibir unos aportes adecuados de yodo con la alimentación. Los bebés con hipotiroidismo congénito que toman fórmula de soja pueden tener problemas para absorber la hormona tiroidea en el intestino y en estos casos, si la lactancia materna no es posible, sería más apropiado usar una fórmula de arroz hidrolizado.
Creo que este artículo puede ser de gran ayuda para disipar aquellas dudas o miedas a la hora de consumir la soja en sus diferentes elaboraciones.
Aún así, mi opinión personal es consumirla en forma de tempeh o miso en mayor proporción respecto al tofu, el haba guisada o su harina puesto que al fermentar dicha legumbre conseguimos un alimento altamente nutritivo, protector y con un alto nivel de digestibilidad sin contar con que eliminamos inhibidores encimáticos.
Destacar la importancia de adquirir este producto bajo la certificación “NO OMG” para asegurarnos de que dicho alimento es natural y no está modificado genéticamente; debe ser ecológico, biológico y libre de pesticidas.
Fuente: “mi pediatra vegetariano”

Porqué activar frutos secos y semillas?

El remojado de las semillas, cereales y frutos secos es clave para disminuir su contenido en antinutrientes. Pero podemos aumentar aún más la digestibilidad del alimento si le proporcionamos un medio ácido en el remojo de la semilla, mejorando así la liberación de los fitatos. Esto se debe a que un medio ácido sirve como activador, acelerando el inicio del proceso de fermentación que permite la eliminación del ácido fítico.
Por añadidura, si la temperatura del agua donde realizamos el remojo es cálida, también favoreceremos el proceso de aceleración enzimática activando la fitasa, que es la enzima encargada de reducir y eliminar el ácido fítico.
Medio ácido: zumo de limón, vinagre de manzana, keffir de agua, kombucha…
Procedimiento:  una cucharadita de zumo de limón, vinagre de manzana o el medio ácido elegido mezclado con una taza de agua tibia, donde remojaremos posteriormente las semillas. Multiplicaremos la cantidad proporcionalmente si necesitamos más agua para el remojo
Activar los frutos secos y semillas consiste en remojarlos para eliminar sus inhibidores enzimáticos.
Los inhibidores enzimáticos son moléculas que contienen las semillas para evitar que se desencadene el proceso de germinación antes de tiempo. Así, quedan protegidas para que la germinación se produzca sólo cuando en la naturaleza se den las condiciones óptimas de humedad y calor que necesitan.
Cuando los remojamos, los inhibidores pasan al agua.

¿Por qué es conveniente eliminar los inhibidores enzimáticos?

Estos inhibidores son antinutrientes. Si los eliminamos, mejora la digestión de estos alimentos siendo mejor tolerados y el ácido fítico que contienen se reduce, mejorando así la absorción de minerales (son quelantes de Fe, Ca, Mg, Zn, es decir, inhiben su absorción).

Método adecuado para activar semillas y frutos secos

  • Remojar entre 6 y 12 horas, en agua abundante (deben ser frutos secos crudos, no tostados y semillas para germinación).
  • Enjuagar bien y escurrir. ¡Ya se pueden consumir!
  • Si queremos hacer una mayor cantidad para guardar, entonces hay que secar bien las semillas y frutos secos para que no se enmohezcan: extender para que se sequen al completo y guardar unos días en un bote hermético en el frigorífico;  o bien, si tenemos un deshidratador, extender y secar a 40º para guardar en bote hermético a temperatura ambiente.
  • Un paso más allá: germinación. El proceso de germinación se puede decir que comienza en el momento en que se remojan, pero sería ideal permitir que las semillas empiecen a brotar, manteniendo la humedad durante unas 12-24 horas más. Para ello, una vez escurridas, las mantenemos húmedas y no encharcadas. Para ello podemos utilizar un germinador de tarro, una bolsa de cáñamo o un colador convencional de plástico.